Tu analítica y la terapia hormonal: qué miramos y qué cambia
Qué análisis pedimos antes de prescribir terapia hormonal, qué significa cada valor alterado y por qué casi ninguno impide el tratamiento: lo que cambia es la vía.
Contenido revisado por Dra. Liliana Vázquez Bol, Ginecología y Obstetricia. Nº de colegiada 36-09-04980. Última revisión: .
Muchas mujeres llegan a la consulta con la analítica en la mano y la misma frase: «creo que yo no voy a poder».
Casi siempre se equivocan. Y merece la pena explicar por qué, porque el miedo a que te digan que no es una de las razones por las que se retrasa un tratamiento que podría estar aliviando los síntomas desde hace meses.
Qué pedimos antes de la valoración
Para poder valorar tu caso necesitamos dos cosas obligatorias: una mamografía de los últimos 2 años y una analítica de sangre que incluya hemograma, coagulación básica, perfil lipídico, HbA1c e índice HOMA, función hepática, función renal y función tiroidea.
De forma recomendable, no obligatoria, pedimos también un perfil hormonal —estradiol, FSH, LH— y una citología reciente. El perfil hormonal no decide el tratamiento, pero sitúa en qué etapa de la transición menopáusica estás según la clasificación STRAW, y eso ayuda a afinar la pauta.
Tienes el detalle completo de qué debe incluir cada prueba en las preguntas frecuentes.
Un valor alterado casi nunca es un «no»
Esta es la parte que casi nadie cuenta.
Cuando una analítica sale con algo fuera de rango, lo que suele cambiar no es si puedes tratarte, sino cómo. La mayoría de las alteraciones que encontramos no contraindican la terapia hormonal: contraindican una de sus vías, normalmente la oral, y dejan abierta la transdérmica.
La razón es el primer paso hepático. Los estrógenos que se tragan pasan por el hígado antes de llegar a la sangre, y ahí modifican la coagulación, los triglicéridos y varios marcadores metabólicos. Los que se absorben por la piel se saltan ese paso. Es la misma hormona y un impacto sistémico muy distinto, y por eso la vía deja de ser un detalle de comodidad para convertirse en una decisión clínica.
Tienes las cuatro vías comparadas —cuál pasa por el hígado y en qué plan está cada una— en terapia hormonal de la menopausia.
Qué miramos, caso por caso
Triglicéridos por encima de 200 mg/dl
Los estrógenos orales pueden elevarlos todavía más, con riesgo de pancreatitis aguda.
Qué cambia: vía transdérmica exclusivamente, y tratamos la hipertrigliceridemia antes de iniciar.
Factor V Leiden o mutación de la protrombina G20210A
Son trombofilias hereditarias. Con estrógenos orales, el riesgo de enfermedad tromboembólica venosa se multiplica por 3 a 8.
Qué cambia: es contraindicación absoluta para la vía oral, no para el tratamiento. Se valora vía transdérmica a dosis bajas, con evaluación hematológica previa.
GOT o GPT más de 3 veces por encima del límite alto
Indica que el hígado está sufriendo, y los estrógenos orales lo atraviesan enteros.
Qué cambia: se difiere el tratamiento hasta que los valores se normalicen. Si aun así la terapia es necesaria, vía transdérmica exclusivamente.
PCR ultrasensible por encima de 3 mg/L junto con LDL elevado
La combinación de inflamación sistémica y dislipemia señala un riesgo cardiovascular que conviene corregir antes.
Qué cambia: optimizamos el perfil cardiovascular primero, preferimos la vía transdérmica y valoramos un gestágeno de perfil favorable, como la progesterona natural micronizada.
Resistencia a la insulina, con índice HOMA por encima de 2,5
La terapia hormonal oral empeora la sensibilidad a la insulina y el perfil metabólico.
Qué cambia: vía transdérmica de elección, y tratamos la resistencia a la insulina en paralelo —estilo de vida y, si está indicada, metformina.
TSH suprimida o T3 libre elevada
Es un hipertiroidismo, y aquí hay un matiz importante: sus síntomas se solapan con los del déficit estrogénico. Sofocos, palpitaciones, insomnio e irritabilidad pueden venir del tiroides y no de la menopausia.
Qué cambia: se trata el hipertiroidismo primero, por el riesgo de arritmias, y se reevalúan los síntomas una vez normalizada la función tiroidea. A veces esa reevaluación cambia el diagnóstico entero.
Lo que una analítica no decide sola
Nada de lo anterior es una calculadora. Un valor fuera de rango se interpreta junto con tu edad, tus antecedentes personales y familiares, tus síntomas y cuánto tiempo hace que tuviste la última regla.
Dos mujeres con el mismo triglicérido de 240 pueden acabar con indicaciones distintas, y ninguna de las dos puede saber cuál es la suya leyendo su propio informe. Por eso la valoración previa es obligatoria antes de cualquier plan: no es un trámite comercial, es el momento en que alguien con criterio médico lee tus datos completos y decide contigo.
Si tu analítica trae algo alterado, tráela igual. Es exactamente la información que necesitamos.